Belgrano campeón y un título con figuras del pasado y el presente

Ganador del torneo de la URBA, los de Virrey del Pino cuentan con generaciones de campeones

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Jorge Búsico

PARA LA NACION

DOMINGO 16 DE OCTUBRE DE 2016
Belgrano, el nuevo campeón del rugby de la URBA
Belgrano, el nuevo campeón del rugby de la URBA. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo
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Entre tantísimas escenas inolvidables que se vivieron en la tarde del CASI y en la noche larga de Virrey del Pino, hay una que representó el éxtasis. Faltaban 3 minutos y 42 segundos cuando Tomás Arizaga pescó la pelota en el borde de su ingoal y forzó un penal a favor que prácticamente sellaba el resultado de la final (25-10). Los simpatizantes de Belgrano Athletic, amplia mayoría en San Isidro, empezaron a saltar, a abrazarse y a llorar en las tribunas; gente de todas las edades y sexos. Adentro, mientras el capitán Tomás Rosati lo felicitaba a Arizaga, el Oso Alejandro Galli, el símbolo, la leyenda de 38 años, motor y cerebro de ese pack desequilibrante, gritaba desencajado mirando a los que festejaban y arengando con sus brazos en alto para que lo siguiesen haciendo. Había, en todas esas expresiones de júbilo, una espera de 48 años y pico. Más precisamente desde el 27 de julio de 1968.

Esos minutos que siguieron al éxtasis trajeron los condimentos restantes para una conquista como la que celebró ayer uno de los clubes fundadores del rugby argentino. Mientras la gente se seguía abrazando, llorando y saltando, los jugadores tackleaban a destajo a los bravos de Hindú, como si fuesen ganando por apenas un punto. Fue una comunión perfecta la que se vivió, emocionante hasta el extremo. Todo el club fue un equipo, y ahí estuvo gran parte del secreto, más allá de un scrum dominante y determinante como nunca se vio en el rugby doméstico. Eso, la táctica, vino después de lo otro, de volver a creerse un equipo, en una reconstrucción que comenzó una década atrás, cuando un grupo de dirigentes, rompiendo un montón de prejuicios, viajó hasta San Isidro para contratar a Alejandro Conti, el ingeniero del scrum.

La celebración de Belgrano tuvo varios puntos en común con la de CUBA en 2013. Misma cancha, mismo rival y una larga espera para dos clubes que se repartieron los campeonatos en la década del 60 y que forman uno de los clásicos del rugby argentino. De hecho, ambos compartieron el título en 1968 (los de Villa de Mayo lo repitieron en las dos temporadas siguientes). La gran diferencia estuvo en cómo consiguió la victoria el Marrón. Si aquella de CUBA resultó agónica con un penal a un minuto y monedas del final, ésta de ayer fue categórica. En los últimos años de su dominio ostentoso, nadie le había ganado una definición a Hindú con la contundencia que lo hizo el equipo dirigido por los Gradín.

Hindú peleó el partido, pero no lo pudo jugar, que es en lo que se siente más natural. Incluso la diferencia debió haber sido mayor, ya que Belgrano desperdició al menos 6 posibilidades netas de marcar puntos: Agustín López Isnardi, su goleador, falló 3 penales factibles; los forwards perdieron 2 lines en posición de try y una jugada para apoyar terminó en infracción en la última pelota del primer tiempo.

Tomás Cubelli, jugador de los Brumbies y los Pumas, presente en los festejos de Belgrano
Tomás Cubelli, jugador de los Brumbies y los Pumas, presente en los festejos de Belgrano. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

Belgrano Athletic, fundado el 17 de agosto de 1896, club de glorias del deporte, escribió gran parte de la historia del rugby. La inició. Por eso merecía esta historia. Y esta fiesta, que arrancó con en esa imagen de éxtasis a 3 minutos y 42 segundos del final en la tarde de San Isidro y que todavía anda retumbando -y lo seguirá haciendo por un buen tiempo- en la vieja sede de Virrey del Pino.